El diálogo, en una narración, es el recurso más útil de un guion. Aporta agilidad a la historia y define la voz del personaje. No obstante, es un recurso que hay que saber utilizarlo.

El diálogo, como una conversación habitual

Los personajes de un guion viven su vida y sus circunstancias propias y personales y distintas a las del guionista. Los personajes de la historia deben expresarse de forma distinta a ti, como guionista. Si el personaje es un abogado, lo normal será que hable usando la jerga legal. Si el personaje es negativo, por ejemplo, puede usar palabras malsonantes. Pero el diálogo debe ser algo vivo y que genere interacción entre los personajes.

Se trata de intentar simular la realidad de la vida, cómo hablan las personas, cómo se escuchan y cómo responden. Hay que hacerlo creíble y no convertir el diálogo ágil e interactivo en un monólogo largo donde los personajes tienen su turno para soltar un texto largo. En situaciones normales y habituales, la gente conversa, se interrumpe, se corta, se preguntan cosas y se terminan las frases. También hay que tratar de ser un poco breve. Un buen ejemplo de que lo breve es mejor es el diálogo de Íñigo Montoya. Con unas pocas palabras le dice al otro personaje que quiere matarle, sin contarle que lleva toda la vida buscándole para vengar la muerte de su padre.

Hay diálogo más allá de las palabras

En muchas ocasiones, los guionistas olvidan la importancia de los gestos a la hora de expresar. Los gestos son los que realmente expresan la verdad cuando hablamos e incluso en ocasiones, pueden contradecir nuestras palabras. Un personaje puede decir “ya no te quiero” pero expresar físicamente lo contrario, entre lágrimas. O incluso intensificar estas palabras y darles realidad dando un golpe en la mesa o adoptando un tono muy agresivo. Las palabras son meramente palabras. Es el tono y los gestos lo que realmente pueden expresar una realidad, apoyar un mensaje, mentir, disimular, etc.

En muchas ocasiones también vemos como el escritor novato usa el diálogo como una forma de expresar exactamente el pensamiento. Es decir, si un personaje quiere dejar su trabajo habla con su superior o si a un personaje no le gusta como va vestido otro, se lo dice nada más verle. No obstante, hay que recordar que la vida real no siempre es así. En muchas ocasiones las personas no expresamos libremente lo que pensamos mediante el diálogo (por educación, por inseguridad, culpa, compasión, etc). Si un guionista tiene en cuenta estos aspectos, dotará su guion de realismo.

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